¿Qué entendemos por salud vaginal?
La vagina es el conducto muscular que comunica la vulva con el cuello uterino. La vulva corresponde a los genitales externos. Aunque en el lenguaje cotidiano ambos términos se utilizan a veces como sinónimos, anatómicamente no son lo mismo.
La vagina mantiene un ecosistema propio de microorganismos. El equilibrio de esa microbiota, junto con factores hormonales, sexuales, inmunológicos y ambientales, influye en la salud vaginal.
Flujo vaginal: normalidad y cambios
La secreción vaginal forma parte de la fisiología normal. Sus características pueden variar con el ciclo menstrual, la actividad sexual, el embarazo y los cambios hormonales.
Flujo sin olor desagradable intenso y sin picor, ardor, dolor ni otros síntomas importantes puede formar parte del funcionamiento normal.
Un cambio marcado de olor, color, cantidad o consistencia, especialmente acompañado de molestias, puede indicar vaginitis u otra afección.
Puede relacionarse con infección, irritación, alergia, alteraciones hormonales o determinadas enfermedades de la piel.
El sangrado entre menstruaciones, después de las relaciones sexuales o después de la menopausia debe ser valorado por un profesional.
Vaginitis: no todas tienen la misma causa
Vaginitis significa inflamación vaginal. Puede producir secreción, picazón, irritación o dolor. Los síntomas pueden parecerse entre sí, pero el origen puede ser muy diferente.
Se produce cuando se altera el equilibrio habitual de las bacterias vaginales. Puede causar secreción fina blanca, gris o verdosa y un olor fuerte característico, aunque algunas personas no presentan síntomas.
Se relaciona con un crecimiento excesivo de Candida, un hongo que puede formar parte de la microbiota normal. Suele provocar picazón, inflamación y, en ocasiones, flujo blanco y espeso.
Es una infección de transmisión sexual causada por un parásito. Puede producir secreción amarillo-verdosa, irritación y otras molestias, aunque también puede cursar sin síntomas.
Otros motivos de molestias vaginales
Productos perfumados, duchas vaginales, algunos jabones u otros irritantes pueden producir ardor, sequedad o inflamación.
La disminución de estrógenos, especialmente después de la menopausia, puede favorecer sequedad, irritación y dolor durante las relaciones.
Algunas afecciones dermatológicas pueden afectar la vulva y producir síntomas parecidos a una infección vaginal.
Clamidia, gonorrea, herpes y otras ITS también pueden ocasionar secreción, lesiones, dolor o sangrado y requieren diagnóstico específico.
¿Cómo se llega al diagnóstico?
Debido a que distintas enfermedades pueden producir síntomas similares, identificar la causa solo por el aspecto del flujo no siempre es fiable.
Se valoran síntomas, duración, episodios previos, medicamentos, menstruación, embarazo, actividad sexual y riesgo de ITS.
Cuando está indicada, la evaluación puede incluir examen de vulva, vagina y cuello uterino.
Puede analizarse secreción vaginal o cervical para identificar microorganismos o alteraciones de la microbiota.
El pH vaginal aporta información, pero por sí solo no establece necesariamente el diagnóstico.
Higiene íntima: menos puede ser más
La vagina tiene mecanismos naturales de limpieza. Las duchas internas pueden alterar el equilibrio de la microbiota.
Desodorantes íntimos y otros productos perfumados pueden irritar una zona especialmente sensible.
El uso correcto de preservativos ayuda a reducir el riesgo de muchas infecciones de transmisión sexual.
Deben limpiarse siguiendo las indicaciones del fabricante y evitar compartirlos sin una higiene o protección adecuada.
Sequedad vaginal y menopausia
Los niveles de estrógeno disminuyen después de la menopausia y también pueden disminuir durante la lactancia o en determinadas situaciones médicas. Esto puede producir sequedad, irritación, sensación de quemazón y dolor durante las relaciones sexuales.
Estos síntomas no tienen que aceptarse simplemente como una consecuencia inevitable de la edad. Cuando afectan el bienestar o la vida sexual, conviene comentarlos con un profesional de salud.
⚠️ ¿Cuándo conviene buscar atención médica?
- Cambio importante o persistente del color, olor o cantidad del flujo.
- Picazón, ardor o irritación intensa o persistente.
- Dolor pélvico, fiebre o escalofríos.
- Dolor durante las relaciones sexuales que persiste.
- Sangrado entre menstruaciones o después de las relaciones sexuales.
- Cualquier sangrado vaginal después de la menopausia.
- Llagas, úlceras, ampollas o lesiones genitales nuevas.
- Síntomas después de una nueva pareja sexual o posible exposición a una ITS.
- Síntomas que continúan después de un tratamiento previo o reaparecen repetidamente.
Preguntas frecuentes
¿Todo flujo vaginal significa infección?
No. La secreción vaginal puede ser fisiológica. Debe prestarse especial atención a cambios nuevos de olor, color, cantidad o consistencia y a la presencia de picor, ardor, dolor o sangrado.
¿La candidiasis es una infección de transmisión sexual?
No se considera una ITS clásica. Candida puede estar normalmente en la microbiota genital y ciertas condiciones favorecen su crecimiento excesivo.
¿La vaginosis bacteriana es lo mismo que candidiasis?
No. La vaginosis se relaciona con un desequilibrio bacteriano, mientras que la candidiasis es causada por crecimiento excesivo de hongos Candida. El tratamiento también es diferente.
¿Un olor diferente permite saber qué infección tengo?
No con seguridad. Los síntomas orientan, pero distintas afecciones pueden parecerse. Algunas situaciones requieren examen y pruebas de laboratorio.
¿Debo hacerme duchas vaginales para mantener limpia la vagina?
No. Las duchas vaginales pueden alterar el equilibrio natural de la microbiota y aumentar la irritación o favorecer determinados problemas.
¿La sequedad vaginal solo ocurre después de la menopausia?
No. Aunque es frecuente con la disminución de estrógenos después de la menopausia, también puede aparecer en otras etapas y por diferentes causas.
Fuentes médicas consultadas
Esta guía fue elaborada con información educativa de instituciones médicas reconocidas.